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Escrito por Montserrat González

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septiembre 23, 2020

¿El lenguaje forma nuestro pensamiento?

¿Alguna vez te has puesto a pensar si tu lenguaje afecta tu manera de pensar? O tal vez, ¿tu manera de pensar afecta tu manera de hablar? Como bien sabemos, nuestro idioma es una parte fundamental de nuestra cultura, pero… ¿Cómo afecta el idioma a nuestra cultura y personalidad? Si hablas dos idiomas, ¿consideras que te comportas diferente al hablar tu segunda lengua?
Pues bien, la hipótesis de Sapir-Whorf nos dice que el lenguaje de una civilización afecta la manera en que esta entiende el mundo. Sabemos que la civilización y cultura de una región afecta el lenguaje, dadas las diferencias entre las diferentes variantes de un idioma. Por ejemplo, en español a un muchacho que atiende a los comensales de un restaurant se le puede llamar: camarero, mozo, mesero o mesonero. En inglés, a un apartamento se le puede llamar “apartment” o “flat”. Y en francés, al número 70 se le puede decir “soixante-dix” o “septante” aunque la segunda forma solo se utilice en Bélgica y Suiza.

El lenguaje como transmisor de cultura.

Los humanos reconocemos las diferencias lingüísticas desde el vientre materno, es decir, que nacemos pre-programados para identificar las características del idioma que hablan nuestros padres y, al escucharlos antes y después de nuestro nacimiento, es probable que percibamos al mundo de la misma manera que ellos. Abajo, puedes ver algunos ejemplos de cómo ven el mundo las personas de diferentes regiones:

1. En un estudio realizado con hablantes del español y el alemán, se les pidió que describieran un puente, el sustantivo de puente, es masculino en español y femenino en alemán. Los hispanohablantes describieron el puente como “fuerte”, “grande” y “resistente” (adjetivos masculinos), mientras que los germano parlantes lo describieron como ‘’bello’’, ‘’bonito’’ y ‘’elegante (adjetivos femeninos). A pesar de que el idioma del estudio fue el inglés, una lengua sin género gramatical.

2. Las personas de Finlandia tienen alrededor de 40 palabras para denominar a la nieve o, al menos, para todo tipo de precipitación congelada. Tienen denominaciones para la nieve limpia y sucia y para el hielo cristalino y el irregular. Mientras que en español podrían llegar a cuatro: hielo, nieve, granizo y aguanieve. Los hawaianos, al vivir en una zona completamente cálida, utilizan la palabra hau para referirse a la nieve y al hielo.

3. En Japón, el respeto y la jerarquía son muy importantes, si bien en algunos dialectos del español se hace la diferencia entre tú y usted, en Japón nos encontramos con los honoríficos, que son palabras para denominar a las personas. Por ejemplo: ‘‘san’’ que equivaldría a señor o señora; “kun”, para referirse a los hombres de menor edad o categoría; “chan”, para mujeres de una categoría y edad menor, niños e incluso animales; “senpai”, para las personas de mayor rango, ya sea para compañeros de trabajo o de escuela que tengan más tiempo o experiencia pero que no sean ni jefes ni maestros. Senpai es una palabra que no tiene traducción.

En ninguno de los casos quiere decir que no recibamos esa información de nuestro entorno, sin embargo, la englobamos, analizamos y expresamos de manera diferente.

¿Cómo puedo observar que el lenguaje modifica mi pensamiento?

Una manera en que las personas bilingües podrían notar las diferencias de pensamiento entre un lenguaje y otro es el uso de expresiones, palabras y groserías. Es probable que una persona tenga un límite a la cantidad de expresiones groseras que pudiese usar su propio idioma, en cambio en su segundo o tercer idioma no tendrían ese problema, debido a que no podrían recibir el estímulo de esa expresión de la misma manera que un hablante nativo.  Quizá, en alguno de tus idiomas seas más extrovertido que en otro, más parlanchín o más autoritario. Una parte de nuestra personalidad cambia al hablar con amigos pertenecientes a otro segundo idioma, puesto que nuestra personalidad e ideas se reflejan en la cultura de los demás.

Esta hipótesis aún está en desarrollo, pero es probable que la cultura y el lenguaje se nutran mutuamente para el desarrollo del pensamiento de una persona; así que, si deseamos cambiar algo, tal vez podamos empezar a cambiar el lenguaje que usamos y descubramos qué ocurre.

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